Sandra Sánchez
En 1928 Manuel Gómez Morín le preguntó a José Vasconcelos: “¿vale más lanzarse a una lucha que pueda llevar a los grupos contrarios al extermino, para lograr el triunfo inmediato o perderlo todo, o vale más sacrificar el triunfo inmediato a la adquisición de una fuerza que sólo puede venir de una organización bien orientada y con capacidad de vida?”[1] Con esa pregunta, don Manuel intentaba llamar a Vasconcelos a la formación de un partido político en el que fuera posible consolidar el ánimo democrático que había despertado durante su campaña presidencial.
Vasconcelos no lo siguió, y once años después, Gómez Morín daba respuesta a su propio cuestionamiento con la fundación de Acción Nacional: una organización permanente, con un cuerpo de doctrina y con una filosofía política y social que defenderá siempre.[2]
En menos de dos meses Acción Nacional ya era una organización bien estructurada, con comités en los estados y una Sección Femenina, presidida por Amelia Sodi, cuando todavía faltaban veinte años para que en México se reconociera el derecho de las mujeres a votar.
Su primer planteamiento público fue la oposición a la ley educativa que estaba a punto de ser aprobada por ambas cámaras y que para Acción Nacional era un símbolo de la parte más oscura del régimen cardenista: la simulación.
Y la simulación electoral fue el tema que propiciara el primer debate en la vida interna de nuestro partido, pues no existían condiciones para una participación justa en la contienda de 1940-como no las habría durante muchos años- y Acción Nacional no deseaba ser percibida como una organización electorera. Al respecto, don Efraín González Luna dijo:
El problema electoral próximo no se plantea en términos de cambio de régimen, sino de persistencia del régimen, de persistencia del sistema absurdo de la llamada revolución permanente. […] De la misma forma que estamos escarbando en la hondura de los problemas nacionales, necesitamos amarrar el lazo de las adhesiones de los mexicanos a nuestro partido en un punto entrañable, vital: en los cimientos de la conciencia de cada mexicano convencido de la altura y de la capacidad de salvación de nuestras afirmaciones políticas.[3]
Seis años más tarde Acción Nacional ganaría cuatro posiciones en la Cámara de Diputados. En esa legislatura, el partido presentó 21 iniciativas de ley, de las que sólo se discutirían en el pleno 13 y ninguna fue aprobada. Sin embargo, la labor de aquéllos legisladores, uno de ellos Miguel Ramírez Munguía, de Tacámbaro Michoacán, abrirían el espacio para el despertar de la conciencia ciudadana.
El Diario de los Debates da cuenta de las risas de los diputados del PRI, cuando el diputado Juan Gutiérrez Lascuráin, anunciaba en tribuna que ganaríamos en las elecciones municipales, al defender la propuesta panista para otorgar autonomía electoral a los municipios; así lo decía Lascuráin:
Así, pues, sí es posible que haya contienda por los puestos municipales y sí sería posible, en un momento dado, la representación proporcional. […] Seguramente hubiéramos aceptado el que no hubiera representación proporcional en los municipios, y si posiblemente lo hubiéramos retirado es porque vamos a ganar las elecciones municipales ahora o de aquí a algunos años.[4]
Con todo y que la reforma propuesta fue rechazada, Acción Nacional obtendría el primer triunfo municipal en Quiroga, con Manuel Torres Serranía, y en esta misma entidad, el primer diputado local, con Alfonso Hernández Sánchez de Zamora. Ambas en 1947: el mismo año en el que los diputados del PRI se reían de aquélla posibilidad.
La lucha del partido no podía haber sido protagonizada por hombres y mujeres débiles de espíritu ni carentes de esperanza, había que creer y no como en un deseo estéril que se cumplirá por obra de otros, creer como lo explica don Efraín González Luna:
… ha sido tan persistente y nauseabunda la falsificación y tan cínico y humillante el desprecio de la voluntad popular, que en ocasiones los más fuertes creyentes en la excepcional calidad humana del pueblo de México, desconfían de sus reservas morales […] pero el que haya una pequeña grieta de luz, un atisbo de claridad en el muro de sombra del monopolio político…; que excepcionalmente tenga el llamamiento, el ímpetu y la calidad para hacer creer que las conciencias pongan el marcha el cumplimiento del deber político; todo esto hace que una movilización electoral desmienta a los pesimistas y evidencie la perenne capacidad de salvación de este pueblo admirable.[5]
Sí, Acción Nacional combatía a los pesimistas, a los que pensaban que no habría más partido que el PRI, a los que afirmaban que Acción Nacional no lograría la movilización popular sólo con la fuerza de las palabras, de las ideas, de la esperanza y de los valores.
Podemos aquí hablar durante horas de las muchas “primera vez” que tuvo nuestro partido a lo largo de sus 70 años de historia, como quien se sienta con el más caracterizado de la familia a escuchar lo que ha vivido:
La primera candidatura presidencial, en 1952 con Juan Gutiérrez Lascuráin, la primera mujer diputada, con Florentina Villalobos; la primera gubernatura con Ernesto Ruffo en 1988, el primer senador, don Héctor Terán en 1991, sin embargo, quisiera abordar una primera vez, no del PAN, sino del PRI: Cuando perdió la mayoría en la Cámara de Diputados.
El PRI, como dijo Carlos Castillo, no se entiende a sí mismo sin todo el poder. Hasta ese momento, y gracias a la lucha constante, perseverante de Acción Nacional, se habían logrado incipientes avances democráticos, pero los partidos políticos no tenían una verdadera autonomía y tampoco había instrumentos o instituciones que permitieran garantizar que la voluntad del voto fuera respetada.
La campaña federal de 1988, encabezada por Manuel Clouthier como candidato presdencial, y don Luis H. Álvarez como Presidente del partido, despertó gran interés entre los ciudadanos. Los jóvenes, las mujeres y hasta los niños respondieron con entusiasmo al mensaje de Maquío, en una época en la que la oposición era resistida con la violencia del Estado.
Maquío fue capaz de atraer la simpatía de muchos ciudadanos: no sólo aquéllos que durante años escucharon indiferentes los llamados de Acción Nacional, sino también la de los que, hartos del atropello priísta, buscaban un espacio para lograr un cambio. En su discurso, Maquío no hizo sino traducir en términos prácticos la doctrina de Acción Nacional, respondió a la violencia con la resistencia civil activa y pacífica y logró infundir en los ciudadanos la confianza suficiente para manifestarse y votar.
El fraude electoral de 1988 que llevó a Salinas a la Presidencia de la República, no medró a los ciudadanos, como lo explica Abel Vicencio Tovar
En México, a pesar de reformas legislativas, se intentó congelar a la democracia, más con los hechos que con las palabras de la ley; el despertar generalizado de una conciencia política nacional en la última campaña federal, no es un logro del gobierno que intentó mediatizar al pueblo, sino una realidad de transformación que se dio a pesar del gobierno, como reacción ciudadana frente a los abusos gubernamentales y contribuyó especialmente a este resultado con otros líderes políticos, el ingeniero Manuel Jesús Clouthier, quien con razón advirtió "nunca más otra elección a espaldas del pueblo”.[6]
Gracias a esa movilización, por primera vez, como lo dije antes, el PRI no tenía el control absoluto en la Cámara de Diputados; por primera vez, la Cámara se convirtió en un verdadero contrapeso al poder absoluto del Presidente, y por primera vez, los priístas no reían a carcajadas ante la perspectiva de perder el poder, esta vez ya no el de un municipio, sino el de la Presidencia de la República. Nuevamente cito a don Abel:
En este marco, el régimen que se avecina proclamó su triunfo, reconocido exclusivamente por los diputados de su partido contra la oposición de toda la izquierda, sobre la base de un proceso electoral, que como fruto del nuevo Código Federal Electoral, afinó el control absoluto del gobierno marginando a los partidos independientes, multiplicó las dificultades para defenderse y transitó desde el engaño y la agresión en muchas casillas electorales hasta la resolución de las quejas por un Tribunal Federal Electoral, más comprometido con la forma que con los valores que la ley preserva, y se llegó por último a la decisión arbitraria en un Colegio Electoral, que por incidir descaradamente y en el vicio de confundir juez y parte, debe desaparecer en su actual expresión.
Por estas razones y por muchas más, el origen del nuevo gobierno y de su Presidente es ilegítimo y seguirá siendo ilegítimo hasta el fin de los tiempos; sin embargo, ante la imperiosa necesidad de que el poder ejerza funciones de autoridad, para que la sociedad se cohesione y pueda apoyar al hombre a vivir y a trascender, existe la posibilidad de que las acciones del gobierno de facto puedan legitimarse en el ejercicio del bien común.[7]
El rumbo que tomó la vida democrática del país a partir de las propuestas de Acción Nacional y los demás partidos de oposición en aquella LIV legislatura, es bien conocida por nosotros. Tan conocida, que nuestros jóvenes no se cuestionan que el sentido de su voto sea respetado y sólo conocen al PRI que desde la oposición, desconoce como suyos los agravios históricos a nuestro país.
Hace nueve años Acción Nacional logró la primera vez que quizá nuestros fundadores, con toda aquélla esperanza que los caracterizó no lograban dibujar; quizá porque el PAN nunca se planteó como fin último derrocar al PRI en el gobierno. Nació para hacer de México una Patria digna y generosa, para dar a los mexicanos la esperanza de una vida mejor y más digna para todos, no como algo que se termina con llegar al poder, sino, como dijo don Manuel: Acción Nacional […] cree que el poder no es un título, sino que hay que estar mereciéndolo o ganándolo de momento a momento.[8]
Es por eso que a 70 años de su fundación, Acción Nacional es y seguirá siendo la responsable de encabezar la lucha que mantenga en los mexicanos la esperanza de que esta o aquélla primera vez de logros para el bien de nuestra Nación no haya sido, ni será la última. [1] Carta de Manuel Gómez Morín a José Vasconcelos, noviembre de 1928, en “Historia del Partido Acción Nacional”, p. 14
[2] Manuel Gómez Morín, en “Todo D.F., 6 de junio de 1939”, Archivo MGM, Hemerografía.
[3] Efraín González Luna, “La técnica de la Salvación”, en Historia del Partido Acción Nacional, p. 22
[4] Diario de los Debates, XL Legislatura, Segundo Periodo Ordinario, 9 de diciembre de 1947.
[5] Efraín González Luna, “Balance de una campaña”, publicado en La Nación el 12 de octubre de 1946. En Historia del Partido Acción Nacional, p. 93
[6] Diario de los Debates, LIV Legislatura, Primer Periodo Ordinario, 12 de diciembre de 1988.
[7] Íbid.
[8] Manuel Gómez Morín. Artículo publicado en El Universal el 23 de junio de 1939. En Ideas Fuerza, p. 28
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