PAN, 70 años

jueves, 6 de junio de 2024

2 de junio de 2024: en busca de los votos.

Por qué votaron como votaron los que votaron.

 

De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza.

 

El resultado del 2 de junio me tomó por sorpresa. Me sorprendió no tanto que la oposición hubiera perdido; me sorprendió y me sigue sorprendiendo el enorme diferencial entre el primero y segundo lugares, soportado por una enorme y también inesperada afluencia de votación.

No sabía quién sería la ganadora, pero si de algo estaba seguro era que las diferencias serían pequeñas, si no mínimas, y que nos enfrentaríamos a un largo, y muy incierto conflicto poselectoral.  

Pero comencemos desde el principio. El proceso electoral del 2 de junio fue inequitativo por:

1.      El ilegal (e inmoral) uso de los programas sociales como propaganda electoral. Esto lo vimos todos a diario y fue el principal mensaje de campaña del partido del gobierno. Y aunque terminamos normalizándolo, es un delito electoral.

2.      La ilegal y reiterada intervención del presidente y los 3 niveles de gobierno de su partido en todo el proceso electoral. Solo en videos disponibles, esto se encuentra documentado por miles, confirmado por autoridades electorales.

3.      La presencia del crimen organizado en el proceso, con su enorme poder económico, y en las llamadas zonas del silencio con su poder total, honrando el acuerdo tácito con el gobierno actual: "el narco ya eligió"... incluyendo la sumisión de autoridades y candidatos, que tuvieron que ir a pedir permiso. Y para reforzar esta presencia, están los más de 20 candidatos asesinados.

4.      La ilegal precampaña electoral organizada por el partido del gobierno -y encabezada nada menos que por el presidente- a su candidata desde no meses, sino años antes del proceso, cínicamente disfrazada de cualquier ocurrencia partidista. ¿Se acuerdan de las decenas de giras y eventos?

5.      El abierto acarreo de votantes, la compra de votos que llegaron a superar los $1,000 pesos, el acopio de credenciales, las presiones laborales a burócratas, y otras prácticas delictuosas, todas ellas claramente tipificadas en la ley de delitos electorales, y que mucha gente ve ya como parte del folclor del domingo de elecciones. A estas últimas prácticas, -hay que decirlo- le entraron todos los contendientes.

Todo esto incidió en la equidad de la contienda, es decir, afectó el resultado de la votación. En un país con democracia plena esto sería un escándalo, y causal de anulación total y expedita del proceso: tendría que repetirse. Pero no creo que aquí en México nuestras autoridades jurisdiccionales, es decir los señores jueces electorales que califican la elección, se atrevan a tanto.

Y es que tenemos por otro lado el diferencial de votación. En las circunstancias del México actual una ventaja menor al 10% entre el primer y segundo lugar en la elección hubiera generado en automático un atrancamiento de posiciones y un larguísimo conflicto poselectoral casi seguro violento, el cual yo preveía como un escenario ineludible.  Pero la ventaja no fue del 10, ni del 15 ni del 20%; fue nada menos que del 30%, una sorpresa probabilística.

Y ese enorme 30% de diferencia evidentemente no se explica nada más por todas las trampas, triquiñuelas y acarreos mencionados.

Y no se explica, desde luego, con un supuesto fraude en las votaciones, gracias a los mecanismos de votación democrática que se diseñaron durante décadas para evitarlo: 

En términos generales los votos de esta elección fueron emitidos por mexicanos reales que llevaron su credencial de elector a las casillas y votaron en libertad, al menos en ese momento dentro de la casilla. No hubo fraude por que nuestro sistema de casillas y conteo de votos es sólido: son nuestros vecinos los que cuentan los votos y todo mundo puede confirmar el resultado, checando la casilla de su calle, contra lo publicado por el propio INE.

Dicho lo cual, si bien hubo un cúmulo de irregularidades que deberán ser denunciadas formalmente por los partidos, la enorme diferencia del resultado electoral hace improbable que, aun probándose estos delitos, se anule la elección presidencial.

En mi opinión hubo suficientes votos válidos depositados en las urnas como para afirmar que Claudia Sheinbaum será la presidenta de nuestro país, con el mayor respaldo electoral de la historia de México.

Me congratulo de la primer mujer presidenta de mi país, sueño de muchos que, como mi mamá, trabajaron toda su vida para lograrlo. Tal vez sea ésta hoy, la mejor noticia para México: muchas niñas -y niños- crecerán a partir de esta fecha histórica con otro chip.

Me congratulo también que México no esté sumido hoy en un terrible conflicto político, y si en cierta normalidad institucional, donde los que ganaron deberán honrar sus promesas, y los que perdimos deberemos reflexionar que chingados pasó. O donde nos encontramos parados.

En mi caso aún más: como profesional de la opinión pública me encuentro consternado por lo sorpresivo de los resultados, que como he dicho preveía muy distintos.  Si bien ni hago encuestas ni dependen de mis conclusiones consecuencias directas, reconozco la necesidad de revisar -una vez que estoy convencido de la validez de la votación- de qué manera se conformó el voto ganador, y saber por qué votaron como votaron los que votaron.

Busquemos dónde están esos votos.

El primer lugar a buscar, sería en el voto duro del partido del gobierno: los beneficiarios de programas sociales: La mayor apuesta social y a la vez política del grupo en el poder: un beneficiario de dinero en efectivo equivale a un voto. Si bien esto es inmoral e ilegal, es tal vez el principal componente del voto al partido del gobierno: si hay algo claro en esto es la simbiosis entre los padrones de votantes y los de beneficiarios de programas sociales.

Pues bien, si sumamos a todos los mexicanos beneficiarios directos de programas  sociales y asumiéramos que todos votaron por la coalición ganadora -lo cual es desde luego imposible- no nos dan las cifras: si bien este componente es sin duda el mayoritario, aún así nos faltan algunos millones de votos.

Cuántos de estos pudieron ser fruto de compra, coacción, amenazas, o engaños de todo tipo.   Muchos seguramente.  Miles,  cientos de miles tal vez.. Pero ¿millones? No. Si se hubieran comprado, vendido o amenazado votos por millones, sería un escándalo visible con miles y miles de evidencias. Lo hubo, hay evidencias, pero no fue generalizado. Así que nos siguen sin dar las cifras; nos faltan varios millones de votos.

14 millones de jóvenes (hasta 24 años) eligieron por primera vez en su vida al presidente. A reserva de ver estudios más acuciosos, los primeros datos indican que este sector poblacional fue de los que menos se sintió identificado con la propuesta de la candidata opositora, y a la vez fue la mayor fuente de votos para el candidato que resultó tercer lugar. Con eso y todo, la candidata ganadora obtuvo un sólido 60% de los votos de todos los sectores de edad, viejos y jóvenes.

Buscando más en los datos demográficos del votante, El País publicó que si bien la candidata opositora tuvo mejor aceptación en sectores de mayor ingreso (Más de 50,000 pesos mensuales) la mitad de ese sector poblacional apoyó a la candidata oficial. En otras palabras, votaron por ella los pobres pero también los ricos, y esto es un dato relevante.

En cuanto a situación laboral los datos son más interesantes: la candidata ganadora fue más apoyada por amas de casa y trabajadores del sector privado, que por los mismos burócratas de su propio gobierno. Según estos datos la base social de voto ganador es amplísima y transversal. Solo el sector de los empresarios, desempleados y profesionistas independientes apoyó en forma previsible a la oposición; pero su alcance poblacional es muy minoritario, porque solo valen un voto, por muy empresarios que sean.

La candidata

Abusando un poco de términos drásticos, la imagen de la candidata de oposición sufría un diferendo de opiniones:  Su equipo y apoyadores cercanos opinábamos que era genial, pero para muchos sectores del electorado ajeno resultó muy negativa, casi impresentable. Eso lo confirma no solo el resultado electoral, sino algunas encuestas de imagen y seguimiento.

Lo que muchos celebraban como frescura, y franqueza en la candidata, a otros tal vez les daba pena ajena.

Xóchitl Gálvez tuvo sus aciertos y errores como candidata.  Como persona conozco su honestidad, su rectitud de bien, su carácter alegre y energético que estoy seguro le sirvieron muchísimo, y su probada capacidad profesional, empresarial, de gobierno y en política. Fuimos todos testigos de su valor y generosidad para echarse encima la responsabilidad y representación de medio México, cuando ya no había mejor posibilidad.  (A ese patético estatus llegó la oposición en México, pero eso no era culpa de Xóchitl, que ni militante es)

Xóchitl Gálvez partió de menos de 20% de conocimiento y varios años de desventaja en campaña que su contrincante, y pasó a superar el 90% en pocos días.  Ella y su equipo cercano debieron haber hecho un enorme esfuerzo y sacrificio estos meses y solo puedo reconocer su generosidad y patriotismo. Estoy seguro de que a Xóchitl la movió su amor a México y nunca el interés personal.

Pero considero que esta oferta, esta unión de una persona con un proyecto, para ser presentada al país a modo de una narrativa creíble, no tuvo la mejor fortuna, por decirlo suavecito.

Xóchitl no tenía desde luego un liderazgo secular y muchos de sus apoyadores vimos siempre en ella al instrumento de un sector del país para rectificar las cosas en México, independientemente de la persona. En otras palabras, la candidata Xóchitl podría tener aciertos y errores, pero ese no era el problema. El problema era que México se enfrentaba a una disyuntiva terrible donde el orden constitucional y los contrapesos entre los poderes están en peligro, y que dado el riesgo lo importante era ponerle cara a la oposición y aglutinar todo en torno a ella. Xóchitl podría tener errores, gracejadas, o insuficiencias, podría no plantear una propuesta realista o al menos creíble de país; pero eso no importaba: importaba que ella sería una gobernante inteligente que sabría escuchar y hacer equipos y salvar al país de la dictadura. Solo hay de dos sopas, decíamos, con melón o con sandía; democracia o dictadura.

Pues eso pensábamos nosotros, pero gente menos enterada de estos temas, gente joven (apenas 14 millones), no muy interesada en política, no solo no tiene la menor idea de quien era Xóchitl, sino que tal vez no aceptó eso de democracia o dictadura; le pareció tal vez gritos de viejitos. No vio en la campaña de Xóchitl una narrativa creíble, que atendiera sus inquietudes inmediatas, que poco tienen que ver con los pesos y contrapesos del poder. Esta juventud no sabía -ni le importaba- que Xóchitl había sido (hace décadas) funcionaria comprometida, alcaldesa eficaz cercana a la gente, política que no defendía cuotas ni cuates, ni nada de eso, no hubo tiempo de manejar esa información, y cuando la conocieron, les cayó mal.  Lo que podríamos aplaudir como frescura, otros podrían interpretar desfachatez, estilo casual con fodonguéz, hablar claridoso como grosería.

Pero la persona de Xóchitl fue el menor de los problemas.  La candidata opositora nunca se desligó de lo que era su más obvio lastre: Los partidos y dirigentes políticos. Situados por todas las encuestas en la escala más baja del aprecio del público, los jefes partidistas no solo no se hicieron a un lado, sino que permanecieron en los estrados, en los mítines, y -horror de horrores- en los spots de los medios. Cada vez que el logo del PAN, PRI o PRD aparecía junto a la candidata, cada vez que los rostros de los dirigentes de los partidos salían en la tele, y así repetido hacia abajo con todos los candidatos a todos los puestos federales y locales del país, era un mensaje negativo contundente. Las encuestas ahí estaban desde antes de la campaña.

Estos son los votos más difíciles de encontrar: Creo que mucha gente que tradicionalmente votaba por el PAN, por el PRD, o alguna otra alternativa, sin estar muy metida en política -pocos lo están- no entiende mucho de estado de derecho, de orden constitucional o de pesos y contrapesos del poder, del INE independiente, y no le llega eso de democracia o dictablandas, por lo que la decisión de su voto en 2024 no era tan obvia como para muchos de nosotros si lo era.

Gente de 30 a 50 años, que tal vez votó a Ricardo Anaya en 2018, no encontró ningún argumento de peso -ya no digamos novedoso- para apoyar un proyecto tan desgastado y poco convincente, con los mismos políticos, cada vez más cínicos y con más cirugías faciales, y con una señora rara.  En resumen, la oposición como sistema de partidos distintos al oficial no pudo plantear al electorado una historia convincente, por lo que no creo que éste haya dudado mucho para apoyar la corriente que apuntaba mayoritaria; ante la disyuntiva era más cómodo con su conciencia.

Y lo último, ya me faltan algunos pocos votos para encontrar:  creo que hubo también gente que aun siendo conocedora del tema y de la política, y sabiendo de democracia y de separación de poderes, y conociendo las intenciones del régimen al respecto,  aun así la persona de la candidata opositora, en particular por su apalancamiento con los partidos y dirigentes políticos y todo lo que esto representan  le pareció de tal forma inaceptables, que aun así, votó por la candidata ganadora, con todo conocimiento  de causa.

En pocas palabras, los votos que eran más difíciles de encontrar resultaron estar más cerca de lo que nosotros pensábamos.  ¿Ya revisaron la votación de su casilla? Aún en “bastiones de la oposición” como era mi caso, el voto en favor del partido del gobierno en la casilla que me toca subió notablemente de 2021 a 2024, es decir que esa votación creció debajo de nuestras narices; incluso dentro de nuestras propias casas.

 

Inconclusión:

Esto es apenas una primera reflexión sobre el significado de la revolución del 2 de junio de 2024, una votación más relevante -a mi modo de ver la historia-, que la de 2018, y de la magnitud tal vez de las votaciones del 2000. Pasado el shock inicial quise verter, más que reflexionar, mis pensamientos sobre el entorno en que se desarrolló el proceso, y sus resultados y el perfil del votante; una tímida respuesta a los porqués.  

Perdimos, y feo.  Y lo más triste del caso es que una apabullante mayoría democrática no tiene necesariamente la razón: con la consolidación del régimen de la 4T hemos entrado a una época ominosa donde la democracia, el orden constitucional y los contrapesos entre los poderes de nuestro país, tal como los conocemos, están en claro peligro, tan tangible como la letra de las iniciativas de reforma constitucional que ya han sido presentadas, y que el presidente actual pretende sacar en pocos meses.

Yo he participado en política desde hace 40 años. Las más de las veces perdiendo que ganando. Participaba en política cuando mi partido daba lástima -o ternura- en el entorno nacional, me tocó invitar y capacitar a gente nueva que a la larga impulsó al partido y así décadas después pude celebrar los primeros triunfos municipales, estatales, y en el año 2000, la presidencia. Yo ayudé a construir la democracia en México.  Ya no milito hace muchos años, pero mis preferencias siempre estuvieron asociadas a la ideología cada vez más olvidada de ese partido.

Por eso, aunque mucho me afecta una derrota tan inesperada, tan dolorosa, tan sorprendente, se que esto no es el fin.  Para nada. Pero creo también que la lucha ha cambiado, y eso es mas importante que una derrota.

De joven cantaba fervientemente en el himno partidista “los tiranos temblarán, al oír nuestro pregón” y me la creía. Pensaba que la política era una lucha del bien contra el mal, donde nosotros éramos los buenos, desde luego, y malos todos los demás.  

Si bien eso pudo ser valido para la lucha democrática, para la lucha contra la tiranía, no lo es tanto cuando en política se trata de proponer o imponer visiones distintas del país, visiones de la vida, o de la sociedad, visiones validas tanto unas como otras.  Las motivaciones de otros  -el sentido de su voto, por ejemplo-  podrán parecerme equivocadas, desinformadas y lamentables, pero para el otro podrán ser tan válidas y tener tanto sentido como las mías. Y ahí no hay buenos ni malos.  Ahora no hay buenos ni malos.  Para acabar pronto y dejar dicotomías: todos somos malos.

Se avecinan años de un país con serios retos físicos, económicos y sociales.  Habrá tropiezos, complicaciones y desencuentros entre mexicanos.  Todos, -yo por delante- deberemos enfrentar lo que viene con entereza y rectitud de bien, para lo cual nos toca ahora una buena dosis de reflexión -personal en primera instancia, ya luego se pueden hacer grupos de tres- y de esa reflexión podremos obtener aprendizajes que nos permitan sacar la cabeza de nuevo, y caminar hacia donde quiera que hayamos decidido hacerlo.  Pero de que hay que caminar, hay que caminar. 

En lo personal, como especialista sorprendido, conoceré más el sentido del voto, estudiaré a la gente detrás de la urna; en síntesis, aprenderé al país que creía conocer tan pomposamente. Y una vez aprobado el examen básico de dicho conocimiento, podríamos entonces plantearnos a mediano plazo, qué alternativas seguir. El faro ideológico es claro: democracia electiva y como forma de convivencia, estado de derecho, inclusión; iniciativa, solidaridad, subsidiariedad, dignidad y bien común. Eso es lo fácil.  Lo difícil es el caminito.

Esto no es el acabose, -dice Mafalda- es el continuose del empezose.

jueves, 18 de marzo de 2010

La bolsa de PAN







En algunos días cumplo un año de “tuitear”. Ya me referiré a ello en algún comentario, pero a cuento viene porque ayer, como he hecho decenas de veces a lo largo de este tiempo, y como hacen millones de personas dentro de esta red, decidí apoyar una línea de comentarios y reflexión, mejor conocida como “hashtag” que me pareció interesante e hice mía, titulada #medapenaelPAN. Cuando en twitter se sigue un “hashtag” cada quien aporta al tema con humor, acidez, ironía o creatividad. En algunos casos reforzamos nuestra posición –que puede ser de protesta, apoyo o crítica- modificando o reemplazando la pequeña imagen o “avatar” con la que cada tuitero se identifica visualmente. Puede ser un mensaje, un logotipo o pequeñas bandas “ribbons” alusivas a lo que se quiere expresar. 

En el caso de #medapenaelPAN Arne aus den Ruthen (@arnemx) se puso como imagen una bolsa de papel en la cabeza con el logotipo del partido. De inmediato me gustó la idea y la hice mía; por que como todo mundo sabe, la expresión de la bolsa de papel en la cabeza es una muestra de crítica, de instatisfacción; de protesta sí, pero desde el punto de vista del amor a una institución. De esta manera los aficionados a un equipo de fútbol se ponen su respectiva bolsa al acudir al estadio para mostrar su tristeza y vergüenza por el hecho de que su escuadra tenga pobres resultados, pero también como una evidente muestra de apoyo y esperanza en que su equipo mejore. El supuesto anonimato que la bolsa en la cabeza da sólo busca mostrar la pena o vergüenza que siente uno al pasar su institución por un mal momento, y nunca es señal de huida o pretender esconderse. Al contrario: es un testimonio valeroso de apoyo en momentos de infortunio. 

Me puse la bolsa de PAN porque soy panista. La bolsa de PAN es una expresión de incomodidad e insatisfacción por lo que mi partido representa en los últimos tiempos y en los últimos meses; por lo que ha hecho la dirigencia, pero en particular por lo que yo, como panista, he dejado de hacer para que el vaso se haya derramado. 

Me apenan, como a muchos panistas y a muchos mexicanos, algunas de las últimas acciones de mi dirigencia nacional y local; la actitud poco digna y rebasada de muchos de mis diputados federales y locales, pero en especial lo que los panistas hemos hecho con nuestra institución o hemos dejado de hacer, para que lo anterior haya sucedido. Desde luego no me da pena el PAN; sino lo que hemos hecho de nuestro partido. 



Criticar a mi partido o a las personas de sus dirigentes en instancias públicas no es algo inteligente, ni útil. Tratar en público asuntos internos o confidenciales contraviene incluso los reglamentos de la institución; pero considero importante no confundir lo anterior con una reflexión abierta y honesta sobre una instancia a la que pertenezco y que hoy por hoy ocupa el poder en mi país, y la diferencia entre esta realidad de un partido en el poder y sus acciones de gobierno, contra la visión plasmada en su doctrina y sus plataformas. 


Mi expresión en twitter es una simple y honesta reflexión, principalmente conmigo mismo dentro de una comunidad que como twitter se caracteriza por ser directa y honesta; es una reflexión que comparto con otros panistas que estamos en la red; y finalmente con el resto de mis seguidores y lectores, quienes tienen las más diversas preferencias y opiniones políticas que se pueda uno imaginar.


Decir que soy panista y no mostrarme apenado con lo que a nombre del partido se hace o se dice en los últimos tiempos, sería ser cínico. Por eso si antes me puse la camiseta del PAN y salí a la calle a enfrentar si no la burla, tal vez la sorna de quienes nos veían como ilusos; ahora me pongo con más orgullo la bolsa de PAN para decir: me apena lo que está pasando, y trabajaré por remediarlo.


martes, 15 de septiembre de 2009

Acción Nacional cumple 70 años: muchas primeras veces.

Sandra Sánchez


En 1928 Manuel Gómez Morín le preguntó a José Vasconcelos:  “¿vale más lanzarse a una lucha que pueda llevar a los grupos contrarios al extermino, para lograr el triunfo inmediato o perderlo todo, o vale más sacrificar el triunfo inmediato a  la adquisición de una fuerza que sólo puede venir de una organización bien orientada y con capacidad de vida?”[1] Con esa pregunta, don Manuel intentaba llamar a Vasconcelos a  la formación de un partido político en el que fuera posible consolidar el ánimo democrático que había despertado durante su campaña presidencial.
Vasconcelos no lo siguió, y once años después, Gómez Morín daba respuesta a su propio cuestionamiento con la fundación de Acción Nacional: una organización permanente, con un cuerpo de doctrina y con una filosofía política y social que defenderá siempre.[2]

En menos de dos meses Acción Nacional ya era una organización bien estructurada,  con comités en los estados y una Sección Femenina, presidida por Amelia Sodi, cuando todavía faltaban veinte años para que en México se reconociera el derecho de las mujeres a votar.

Su primer planteamiento público fue la oposición a la ley educativa que estaba a punto de ser aprobada por ambas cámaras y que para Acción Nacional era un símbolo de la parte más oscura del régimen cardenista: la simulación.

Y la simulación electoral fue el tema que propiciara el primer debate en la vida interna de nuestro partido, pues no existían condiciones para una participación justa en la contienda de 1940-como no las habría durante muchos años- y Acción Nacional no deseaba ser percibida como una organización electorera. Al respecto, don Efraín González Luna dijo:

El problema electoral próximo no se plantea en términos de cambio de régimen, sino de persistencia del régimen, de persistencia del sistema absurdo de la llamada revolución permanente. […] De la misma forma que estamos escarbando en la hondura de los problemas nacionales, necesitamos amarrar el lazo de las adhesiones de los mexicanos a nuestro partido en un punto entrañable, vital: en los cimientos de la conciencia de cada mexicano convencido de la altura y de la capacidad de salvación de nuestras afirmaciones políticas.[3]

Seis años más tarde Acción Nacional ganaría cuatro posiciones en la Cámara de Diputados. En esa legislatura, el partido presentó 21 iniciativas de ley, de las que sólo se discutirían en el pleno 13 y ninguna fue aprobada. Sin embargo, la labor de aquéllos legisladores, uno de ellos Miguel Ramírez Munguía, de Tacámbaro Michoacán, abrirían el espacio para el despertar de la conciencia ciudadana.

El Diario de los Debates da cuenta de las risas de los diputados del PRI, cuando  el diputado Juan Gutiérrez Lascuráin, anunciaba en tribuna que ganaríamos en las elecciones municipales, al defender la propuesta panista para otorgar autonomía electoral a los municipios; así lo decía Lascuráin:

Así, pues, sí es posible que haya contienda por los puestos municipales y sí sería posible, en un momento dado, la representación proporcional. […] Seguramente hubiéramos aceptado el que no hubiera representación proporcional en los municipios, y si posiblemente lo hubiéramos retirado es porque vamos a ganar las elecciones municipales ahora o de aquí a algunos años.[4]
Con todo y que la reforma propuesta fue rechazada, Acción Nacional obtendría el primer triunfo municipal en Quiroga, con Manuel Torres Serranía, y en esta misma entidad, el primer diputado local, con Alfonso Hernández Sánchez de Zamora. Ambas en 1947: el mismo año en el que los diputados del PRI se reían de aquélla posibilidad.

La lucha del partido no podía haber sido protagonizada por hombres y mujeres débiles de espíritu ni carentes de esperanza, había que creer y no como en un deseo estéril que se cumplirá por obra de otros, creer como lo explica don Efraín González Luna:

… ha sido tan persistente y nauseabunda la falsificación y tan cínico y humillante el desprecio de la voluntad popular, que en ocasiones los más fuertes creyentes en la excepcional calidad humana del pueblo de México, desconfían de sus reservas morales […] pero el que haya una pequeña grieta de luz, un atisbo de claridad en el muro de sombra del monopolio político…; que excepcionalmente tenga el llamamiento, el ímpetu y la calidad para hacer creer que las conciencias pongan el marcha el cumplimiento del deber político; todo esto hace que una movilización electoral desmienta a los pesimistas y evidencie la perenne capacidad de salvación de este pueblo admirable.[5]
Sí, Acción Nacional combatía a los pesimistas, a los que pensaban que no habría más partido que el PRI, a los que afirmaban que Acción Nacional no lograría la movilización popular sólo con la fuerza de las palabras, de las ideas, de la esperanza y de los valores.

Podemos aquí hablar durante horas de las muchas “primera vez” que tuvo nuestro partido a lo largo de sus 70 años de historia, como quien se sienta con el más caracterizado de la familia a escuchar lo que ha vivido:

La primera candidatura presidencial, en 1952 con Juan Gutiérrez Lascuráin, la primera mujer diputada, con Florentina Villalobos; la primera gubernatura con Ernesto Ruffo en 1988, el primer senador, don Héctor Terán en 1991, sin embargo,  quisiera abordar una primera vez, no del PAN, sino del PRI: Cuando perdió la mayoría en la Cámara de Diputados.

El PRI, como dijo Carlos Castillo, no se entiende a sí mismo sin todo el poder. Hasta ese momento, y gracias a la lucha constante, perseverante de Acción Nacional, se habían logrado incipientes avances democráticos, pero los partidos políticos no tenían una verdadera autonomía y tampoco había instrumentos o instituciones que permitieran garantizar que la voluntad del voto fuera respetada.
La campaña federal de 1988, encabezada por Manuel Clouthier como candidato presdencial, y don Luis H. Álvarez como Presidente del partido, despertó gran interés entre los ciudadanos. Los jóvenes, las mujeres y hasta los niños respondieron con entusiasmo al mensaje de Maquío, en una época en la que la oposición era resistida con la violencia del Estado.

Maquío fue capaz de atraer la simpatía de muchos ciudadanos: no sólo aquéllos que durante años escucharon indiferentes los llamados de Acción Nacional, sino también la de los que, hartos del atropello priísta, buscaban un espacio para lograr un cambio. En su discurso, Maquío no hizo sino traducir en términos prácticos la doctrina de Acción Nacional, respondió a la violencia con la resistencia civil activa y pacífica y logró infundir en los ciudadanos la confianza suficiente para manifestarse y votar.

El fraude electoral de 1988 que llevó a Salinas a la Presidencia de la República, no medró a los ciudadanos, como lo explica Abel Vicencio Tovar

En México, a pesar de reformas legislativas, se intentó congelar a la democracia, más con los hechos que con las palabras de la ley; el despertar generalizado de una conciencia política nacional en la última campaña federal, no es un logro del gobierno que intentó mediatizar al pueblo, sino una realidad de transformación que se dio a pesar del gobierno, como reacción ciudadana frente a los abusos gubernamentales y contribuyó especialmente a este resultado con otros líderes políticos, el ingeniero Manuel Jesús Clouthier, quien con razón advirtió "nunca más otra elección a espaldas del pueblo”.[6]

Gracias a esa movilización, por primera vez, como lo dije antes, el PRI no tenía el control absoluto en la Cámara de Diputados; por primera vez, la Cámara se convirtió en un verdadero contrapeso al poder absoluto del Presidente, y por primera vez, los priístas no reían a carcajadas ante la perspectiva de perder el poder, esta vez ya no el de un municipio, sino el de la Presidencia de la República. Nuevamente cito a don Abel:

En este marco, el régimen que se avecina proclamó su triunfo, reconocido exclusivamente por los diputados de su partido contra la oposición de toda la izquierda, sobre la base de un proceso electoral, que como fruto del nuevo Código Federal Electoral, afinó el control absoluto del gobierno marginando a los partidos independientes, multiplicó las dificultades para defenderse y transitó desde el engaño y la agresión en muchas casillas electorales hasta la resolución de las quejas por un Tribunal Federal Electoral, más comprometido con la forma que con los valores que la ley preserva, y se llegó por último a la decisión arbitraria en un Colegio Electoral, que por incidir descaradamente y en el vicio de confundir juez y parte, debe desaparecer en su actual expresión.
Por estas razones y por muchas más, el origen del nuevo gobierno y de su Presidente es ilegítimo y seguirá siendo ilegítimo hasta el fin de los tiempos; sin embargo, ante la imperiosa necesidad de que el poder ejerza funciones de autoridad, para que la sociedad se cohesione y pueda apoyar al hombre a vivir y a trascender, existe la posibilidad de que las acciones del gobierno de facto puedan legitimarse en el ejercicio del bien común.[7]

El rumbo que tomó la vida democrática del país a partir de las propuestas de Acción Nacional y los demás partidos de oposición en aquella LIV legislatura, es bien conocida por nosotros. Tan conocida, que nuestros jóvenes no se cuestionan que el sentido de su voto sea respetado y sólo conocen al PRI que desde la oposición, desconoce como suyos los agravios históricos a nuestro país.

Hace nueve años Acción Nacional logró la primera vez que quizá nuestros fundadores, con toda aquélla esperanza que los caracterizó no lograban dibujar; quizá porque el PAN nunca se planteó como fin último derrocar al PRI en el gobierno. Nació para hacer de México una Patria digna y generosa, para dar a los mexicanos la esperanza de una vida mejor y más digna para todos, no como algo que se termina con llegar al poder, sino, como dijo don Manuel: Acción Nacional […] cree que el poder no es un título, sino que hay que estar mereciéndolo o ganándolo de momento a momento.[8]

Es por eso que a 70 años de su fundación, Acción Nacional es y seguirá siendo la responsable de encabezar la lucha que mantenga en los mexicanos la esperanza de que esta o aquélla primera vez de logros para el bien de nuestra Nación no haya sido, ni será la última.




[1] Carta de Manuel Gómez Morín a José Vasconcelos, noviembre de 1928, en “Historia del Partido Acción Nacional”, p. 14
[2] Manuel Gómez Morín, en “Todo D.F., 6 de junio de 1939”, Archivo MGM, Hemerografía.
[3] Efraín González Luna, “La técnica de la Salvación”, en Historia del Partido Acción Nacional, p. 22
[4] Diario de los Debates, XL Legislatura, Segundo Periodo Ordinario, 9 de diciembre de 1947.
[5] Efraín González Luna, “Balance de una campaña”, publicado en La Nación el 12 de octubre de 1946. En Historia del Partido Acción Nacional, p. 93
[6] Diario de los Debates, LIV Legislatura, Primer Periodo Ordinario, 12 de diciembre de 1988.
[7] Íbid.
[8] Manuel Gómez Morín. Artículo publicado en El Universal el 23 de junio de 1939. En Ideas Fuerza, p. 28